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Sorprende que el presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica, tenga a los 75 años de edad un patrimonio inferior a los 1900 dólares. Consta en la declaración jurada obligatoria que presentó en la Junta de Transparencia y Etica Pública. La chacra en la que vive, en Rincón del Cerro, cerca de Montevideo, está a nombre de su esposa, la senadora Lucía Topolansky; se desconoce su valor. El único capital que aquilata el mandatario es un coche Volkswagen sedán, modelo 1987, conocido como Fusca o Escarabajo, valuado en 1875 dólares.
Mujica recibe por su actual labor una retribución mensual de unos 11.000 dólares, pero dona buena parte de ella a su movimiento político. Su mujer percibe poco más de 4400 dólares. No tienen cuentas bancarias, tarjetas de crédito, inmuebles ni deudas. Pero ése no es el punto.
Lo interesante es que desde el 1° de marzo, cuando asumió la presidencia, Mujica podría vivir con su mujer en la residencia presidencial de Montevideo. Sin embargo, prefirió quedarse en la modesta chacra en la que ambos se han dedicado al cultivo de flores y hortalizas. Esta decisión contrasta con revelaciones de la orilla de enfrente que no incumben sólo al matrimonio gobernante, cuyo patrimonio se incrementó en forma excesiva desde 2003, sino, también, a algunos de sus laderos.
Es el caso del ministro de Planificación, Julio De Vido, cuya debilidad sería viajar en un avión privado que cuesta 10 millones de dólares. En un vuelo Buenos Aires-Tarija (Bolivia) que hizo el 23 de febrero para firmar un convenio por el Gasoducto del Nordeste habría ascendido la factura a 48.000 dólares. En esos lujos asiáticos también habría gastado fortunas, a cargo del Estado, el investigado ex secretario de Transporte Ricardo Jaime, sospechoso de haber recibido dádivas de compañías a las que debía controlar.
Sólo entre 2008 y 2009 el patrimonio de los Kirchner pasó de 46 millones de pesos a 51,5 millones, según la última declaración jurada presentada ante la Oficina Anticorrupción (OA). El aumento, de 5,4 millones, significó más de un 11 por ciento. A diferencia de años anteriores, el incremento no se debió a la compra de propiedades ni al aumento de depósitos bancarios, sino a la cancelación de deudas. Pudieron cumplir con esos compromisos porque tuvieron ingresos de casi 14 millones de pesos anuales en concepto de alquileres.
Vale tener en cuenta, más allá de las cifras y las ganancias, la actitud de los Kirchner y de Mujica frente al dinero: mientras unos parecen tener una obsesión con los libros contables, el otro parece estar más interesado en los de historia. Es sumamente delicado ejercer cargos públicos y, al mismo tiempo, amasar una fortuna.
En los últimos días, Mujica ha anunciado que venderá la residencia presidencial de Punta del Este para conseguir fondos destinados a un plan de vivienda. Se trata del Plan de Integración Sociohabitacional o Plan Juntos, destinado a 50.000 familias. Sólo conservará el presidente uruguayo la estancia presidencial de Anchorena, en Colonia, donada por el estanciero argentino Aarón de Anchorena para el descanso de los mandatarios orientales.
Mujica vivió en la clandestinidad desde 1969, participó en una famosa fuga de 111 presos en 1971 y cayó nuevamente en la cárcel durante el régimen militar, entre 1973 y 1985. En 1995 pasó a ser el primer tupamaro en la Cámara de Diputados. En su primer día, al arribar al Palacio Legislativo, estacionó su moto, marca Vespa. Se le acercó un policía: "¿Va a demorar mucho, don?", le preguntó. Su respuesta fue: "Yo trabajo aquí".
Difícilmente los Kirchner hayan vivido circunstancias similares, aunque, a diferencia del presidente uruguayo, insistan en mirar a los años de plomo con un resentimiento impropio hasta de quienes pudieron padecerlos. Tampoco pueden jactarse de haberse desprendido de algo en beneficio de los pobres desde el momento en que han demostrado que la presidencia de la República puede ser un excelente negocio si se saben aprovechar las oportunidades.
Autor: La Nación
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